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CHROMATICS

Kill for love

Italians do it better, 2012

 

Texto: Ángel Muñoz

De la inteligencia, talento y tesón de Johnny Jewel nos hemos podido ir dando cuenta estos años. Cualidades necesarias para impulsar sus brillantes proyectos musicales durante años, esquivando hachazos por un lado y acomodamientos por otro, y parir esta joya, que yo creo, a falta de medio año para terminar este 2012, que va a ser si no uno de los mejores, que seguro, el mejor disco del año, de lejos.

El trío de Portland ya hizo ruido en 2007 con su Night Drive, convirtiéndose en emblema de la casi siempre acertada escudería de Italians Do It Better y admirando con su pop electrónico de elegante factura y sus atmósferas posmodernas. Pero sin razón aparente,  debido tal vez a la velocidad de las modas, los giros en gustos, tendencias, el trabajo de agente… su estrella quedó enterrada y al cabo de un par de años o tres pocos recordaban a esa genial banda de Oregón. Y justo en 2011 llegó la banda sonora de Drive, compuesta por Jewel y en la que deslizaba algunos temas de Chromatics. La película no fue desde luego un taquillazo, pero nadie lo espera de una película que sí que ha llegado, por méritos propios, a ser de culto; su banda sonora, por supuesto, tampoco fue acompañada de ventas masivas, pero sí que despertó el olfato de los melómanos escuchando la lujosa edición sacada por Simmetry, y paladeando las ondas sonoras y las melodías densas en las que Jewel iba envolviendo cada escena.

Y en esto llega 2012, y Jewel acompañado a la batería por Nat Walker y, sobre todo, por la voz absolutamente increíble de Ruth Madelet, no solamente reflota este genial proyecto enterrado sino que nos entrega un larguísimo disco, 17 canciones, absolutamente brillante. Una obra maestra de micrométrica urbana para amaneceres de neón sudado, un lienzo de melodías sugerentes desgranadas por líneas instrumentales en las que no sobra nada, y matizadas por la voz distante y mágica de Ruth que pinta paisajes urbanos de sueños rotos con cada sílaba. He leído en la estupenda reseña de Rockdelux que alguien por ahí había dicho que Kill For Love es el reverso futurista de Darkness On The Edge Of Town de Bruce Springsteen, y analizando bien la sentencia, si uno desempolva el vinilo del Boss de 1978, puede pensar que no se trata de ninguna boutade.

Kill for Love comienza fuerte, con una espectacular versión de “Hey Hey, My My (Into The Black)" de Neil Young (1979), una versión a la que se le escapa la melodía entre las costuras, contenida y susurrante con el terciopelo de Ruth Madelet acompañando todo. A partir de ahí se suceden en cascada el resto de los 16 temas con un orden perfecto, que intercala piezas de pop brillante con largos paisajes instrumentales de fundido a negro como “There’s a Light Out On The Horizon”, descarnado desamor de asfalto, o el cierre, la larga e hipnótica “No Escape”. Prácticamente ninguna composición baja el nivel, pero si tengo que escoger algunas de las joyas que encontramos entre las calles de Kill For Love, además del mencionado “Into The Black”, me quedo con “Lady”, bellísima y triste canción en la que durante sus escucha parece transportarte a la habitación de Lost In Translation y sientes en cada fibra de tu cuerpo la melancolía de un amanecer solitario en una gran urbe; el mínimo flash electrónico de “Candy” y la solemnidad casi eclesial de “The Eleventh Hour”.

Un disco imprescindible e impresionante. Un monumento que no solo será probablemente el mejor disco del año, sino creo que uno de esos discos llamados a marcar un momento.

 

 

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