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JEN CLOHER & THE ENDLESS SEA

Hidden Hands

Sandcastle Music, 2009

 

Texto: Asier R.

 

Hacía bastante tiempo que no me decidía a escribir sobre ningún disco aunque tentaciones ha habido, pero admito que ninguna tan fuerte como la que me ha hecho agarrarme  una vez más a intentar describir con palabras lo que solamente puede hacerse de otra forma. Con todo y con esas, allá vamos.

 

Esta mujer o joven, se ha desmarcado con una pieza que es una auténtica obra de exactitud artística. Desde mi ignorancia, parezco asistir cada vez que escucho el disco a una especie de teatro de títeres en la que yo soy la marioneta y Jen Cloher es la encargada de pulsar la cuerda que según la canción o dentro de la propia canción, me provoque un sentimiento diferente, profundo y verdadero.

 

El disco tiene una de esas producciones prístinas que unida a ese maleable pero consistente entramado de canciones, te consigue sumergir en un estado de ánimo delicioso. Si no fuese porque estoy todavía en ese momento de asombrarme cada vez que escucho las canciones y dejarme llevar por ellas, supongo que podría intentar destriparlas más a fondo. Aún así, no se me escapa el tremendo poderío de esa voz. Y con ella vamos a empezar a comentar un poco de qué va todo este álbum.

 

Jen, no tiene una voz especialmente original. No es una voz desgarrada, castigada. Más valor alcanza, pues, cuando te das cuenta de que lo tiene. Tiene ese sentimiento que te arrastra. Tal vez hay algo hipnótico en ella. Algo que se transmite en línea directa hasta tus oídos. Suavidad e imaginación creo que la definen pero también algo que brota, difícil de describir. En el fondo, es la protagonista del disco, por mucho que el álbum no sea en absoluto parco en instrumentación. Y eso es una baza muy importante a su favor cuando empiezas a absorber los ligeros aires que te traen los violines a través de los árboles de “Time Among the Pines”, los riffs de guitarras más machacones de “I Am Not Going But I´m Not Gone”,  la explosión de vientos con la que termina “Hidden Hands” o el fantasmal sonido del serrucho de “I Must Come Trough” acompañando a esos coros hipersensibles que se clavan y se vuelven a clavar. Todo esto una pequeñísima (pero pequeña) muestra con la que debe lidiar una voz, en el fondo, muy arropada por la música.

 

Por lo dicho anteriormente, por el embrión del disco (la enfermedad, Alzheimer, que se llevó a su madre) se podría pensar en el disco como algo oscuro o triste. Bueno, no veo oscuridad aquí. Y está más cercano a la melancolía que a la tristeza pero cuando lo oyes, más que cualquier otra cosa, te invade la sensación de que la belleza es lo que impregna cada uno de los surcos de la obra. No una belleza de quirófano, si no algo natural, ese detalle que te encuentras a veces en la naturaleza y te hace pensar o simplemente aleja tu mente en alguna dirección.

 

Y todo ello conseguido sin recargar con demasiada instrumentación, evitando así la pomposidad. Salpicando con pequeños detalles cada una de las canciones (sin excepción), ganando así en capacidad de sorprender. Con cambios de ritmo continuos (lo de la mencionada “I Am Not Going But I´m Not Gone” es para hacer un estudio muy serio sobre la estructura de la canción) que le dan un dinamismo que agiliza las canciones evitando cualquier sensación de decaimiento.

 

Pero aún así, incluso en el momento más austero, voz y guitarra, en “Time Among the Pines”, consigue sacarte de tu cuerpo para flotar entre todas esas notas musicales esperando a ser descubiertas.

 

Al fin, nueve canciones muy difíciles de describir.

 

 

 

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