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PJ HARVEY

Let England Shake

Island Records, 2011

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Puede que no sea del todo objetivo hablando de uno de los cinco o seis artistas que más espacio ocupan en mi iPod, lo que da idea de mi grado de admiración por la obra de Polly Jean Harvey, que desde aquel lejano Dry me deslumbró y no ha dejado de hacerlo disco tras disco.

 

Creo que con Let England Shake ha firmado una de sus obras cumbre y nos ha entregado un trabajo absolutamente imprescindible. Sé que esta entrega ha "confundido" a muchos acérrimos seguidores de la de Dorset, desde luego no es un disco muy PJ, no hay voces desgarradas, no hay guitarras al filo, y la tensión eléctrica a la que nos tiene acostumbrados se torna en un profundo ejercicio de preciosismo musical y prosa desnuda y deslumbrante.  No me atrevería a decir que es su trabajo más personal, tal vez no alcance tampoco las cotas de Stories From The City, Stories From The Sea, pero sí pienso que es el disco que nace de la más profunda reflexión tras un análisis crítico del entorno que la rodea, ¿y qué entorno hay más genérico que tu propio país? PJ contempla como su Inglaterra de la mano de sus antiguas colonias sigue manteniendo en medio mundo una postura beligerante e intervencionista añorante de un pasado imperial y embobada en su pretérita grandeza reflejada en su secular patriotismo, o patrioterismo, según se mire. PJ lee,  estudia, analiza, comprende y desmenuza ese pasado y este presente y nos regala un fresco maravilloso de la historia militar y política de la gran Inglaterra, su Beautiful England.

 

Sí, no suena a PJ, pero su voz suena más profunda, más sedosa y más madura que nunca. Todo el disco es un viaje por paisajes reposados con tintes épicos, un viaje por praderas bélicas y bellos amaneceres tras la batalla. Solamente deja entrever unas notas de su acostumbrada energía en la maravillosa “The Last Living Rose”, una de las mejores canciones del disco y, para mí, ya uno de sus clásicos. “All and Everyone” e “In The Dark Places” son dos temas en los que la densidad melódica y lírica van in crescendo alcanzando unas cotas de intensidad épica difícilmente superables. Juega con curiosos arreglos como la inclusión de instrumentos militares en “The Glorious Land” y unos discretos toques electrónicos en “Written On The Forehead”.

 

Una delicia de disco, maduro, épico, interesante, reposado, como una copa de buen vino contemplando la campiña inglesa en otoño.  Para convencer a los escépticos y reforzar a los leales.

 

 

 

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