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SIDONIE

El incendio

Sony, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Ya está aquí El Incendio, el esperadísimo sexto disco de estudio de Sidonie, y el segundo de su era mainstream tras la estela de La Costa Azul.

 

Uno que es fan incondicional del trío barcelonés desde que me dejase con la boca abierta aquel Dragonfly en mi querido siglo 21 de Radio 3 hace ya casi diez años, no sabe bien qué pensar escuchándolo. Y no me refiero a la impresión del disco, que es lo que nos ocupa y que enseguida abordaremos; un disco, adelanto de un perfecto rock and roll, un pop impecable y casi aséptico, redondo en cierta manera, sino a la reflexión sobre la carrera de Marc Ros, Axel Pi y Jesús Senra, Sidonie, que además de ser una de las bandas con más talento y pegada del panorama español, se me han revelado como uno de los grupos con su trayectoria más clara, más inteligentes.

 

Como digo mucho ha llovido desde aquellas melodías lisérgicas y deslumbrantes, luminosas y vaporosas del Dragonfly y de Sidonie. Con el paso de Bip Bip a Sony y su Shell Kids comenzó a cimentarse el largo camino hacia el baño de multitudes y el éxito que merecen. Siempre se han vanagloriado de tocar la música que les gusta, Shell Kids contenía melodías más rockeras, menos luminosas, de un pop más maduro, tuvo un par de pelotazos como aquel “On The Sofa”, recogida como sintonía por un programa nacional deportivo de radio, imagínense. Fascinado fue una maravilla, su paso al castellano para llegar a más gente, con joyas como “Bohéme”, de lo mejor que han hecho. Lejos ya aquella psicodelia cercana a los amaneceres más canallas en Goa, ahondan en su vena rockera, puliendo un estilo propio deudor de clásicos como Bowie o Pink Floyd pero con una pátina personal inconfundible. Este fue el punto de inflexión. Y no sé qué pensar, La Costa Azul supuso un pequeño fiasco en el asalto al podio de los 40 Principales, aunque a sus incondicionales nos encantase. Es imposible que sea malo, pero flojeaba en su propósito, tal vez era demasiado intencionado, para el trío catalán había llegado el momento de la “consagración” con todo lo que ello conlleva. Uno no sabe qué pensar, supongo que algún acérrimo indie gafapasta, talibán de la subcultura se rasgará las vestiduras ante este trabajo, gira con El Canto de El Loco, promoción salvaje de la maquinaría de Sony, pelotazo en las listas de las radiofórmulas … a mi también se me clava una espinita, tal vez de miedo, de ver como grupos como Love Of Lesbian hacen tan buenos trabajos en la “sombra” de la minoría desde hace décadas, y como otros muchos eran tan buenos en ese lado y cómo han flojeado en el lado mayoritario. Pero por otra parte les dan sopas con honda a toda la lista española de la radiofórmula del número de colorines, y a gran parte de la extranjera, con lo cual también siento un prurito de orgullo, los chicos han dado el paso y son tan buenos que se lo merecen, a por ellos, y que tiemble Dani Martín y compañía, Pereza y sus aviones y todo tipo de Orejas, Cantos y Sueños.

 

Analizando ya por fin El Incendio, se nota ese propósito de enmienda de La Costa Azul. Es menos original, pero mucho mejor. Sabían la senda que tenían que seguir, y la han recorrido, y lo han hecho muy bien. Un puñado de canciones, puro rock and roll en castellano, con el grueso de letras cantando al amor, y derrochando el talento y chulería de costumbre: somos buenos, muy buenos, y lo vamos a demostrar. Y vaya si lo hacen porque tocando palos que antes casi ni se intuían se salen en los matices que aplican a las canciones: aires de frontera, casi puro mariachi en “A la Vera del Mar”, rancheras en “Al Viento”, y lo que más me gusta, ese rockabilly, ese pedal y esos regustos country de “Nueva York”. Eso sí, a mi personalmente me encantan las que más me recuerdan a algún tiempo pasado, los dos primeros cortes, “El Incendio” (qué grande el hammond incendiado, sólo a ellos les podía pasar) y “La Sombra”. Un disco perfecto, para todos los públicos diríamos, cada canción puede ser un hit. Son muy muy buenos y han parido un disco casi perfecto, para lo bueno y para lo malo. Un hito en su carrera, que ahora veremos qué derroteros tomará.

 

Espero que no terminasen siendo los U2 españoles sobrados de talento y faltos de imaginación, con legiones de fieles esperando en cada concierto que toquen los temas de hace diez años, aunque desde luego, les deseo todo lo mejor y ojalá terminasen llenando en Camp Nou dos días seguidos. Y es que la ambición puede ser un monstruo que devore el talento, y ojalá no les de el zarpazo. Mientras tanto aún podemos disfrutar de su gran punto fuerte, sus maravillosos directos, de manera improvisada en alguna noche veraniega menorquina. Todavía se lo pueden permitir.

 

 

 

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