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ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN

Madrid, Florida Park,

3 de diciembre

 

 

 

Texto: Rock in Chains

 

Y van… muchas, muchas veces que llevamos visto a Mark Lanegan. Con los dedos de las manos y los dedos de los pies, suman más de diez. Tan solo la segunda con la aparentemente dulce, Isobel. Ante todo me gustaría comentar algo: si no has visto nunca en directo a Mark Lanegan, mal. Escuchar esas cuerdas vocales alrededor tuyo es de por si, una experiencia que se debe vivir si te gusta esto de la música.

 

Otra cosa a mencionar es el entorno porque, si bien no es lo fundamental, el caso es que algo aporta. La sala o salón, no sabría como llamarlo, Florida Park, puede dar lugar a una controvertida discusión entre los límites de lo “kitsch” y el buen gusto. En mi caso, me gustó esa decoración, esas luces y esos ventanales que dan al parque de “El Retiro”, pero lo que más me gustó fue su buen sonido. Es cierto, el violonchelo de Isobel no se oyó por momentos (los más relajados), véase “The Circus is Leaving Town” pero en este caso, me dio la sensación de ser el técnico y no la sala la perjudicadora. Perjuicio relativo ya que es una de esas canciones que respira en directo y a la cual le aportan un tempo distinto al disco, le dan su tiempo a la canción y a ellos mismos de modo que el aderezo del violonchelo no deja de ser eso, frente a la diferencia en la interpretación qué es lo que la acaba diferenciando de su hermana grabada.

 

¿Y qué decir de la pareja? Pues que se disfrutan más en directo. El constreñimiento del sonido en sus álbumes se libera bastante, de hecho da gusto poder escuchar a pleno pulmón (de toda la banda), ese  rock completamente clásico de su último álbum Get Behind Me en el que toda la banda lució a un buen nivel, especialmente los teclados, que gracias al volumen al que los elevaron eran casi un vendaval…  pero no, no solamente fue el volumen, también el músico (Jeff Fielder  ¡grande!), me gustó mucho ya que sabía estar muy comedido cuando lo requería la (mayoría) canción. Un tipo que no tenía ningún complejo en reptar por el dobro (amo ese sonido) en “Snake Song”, esa estupenda versión.

 

Pero vayamos a otros protagonistas. Me da la sensación de que Isobel sigue siendo la mente maestra en esta aventura, llevando el concierto aunque sea en la sombra, con presencia un poco más importante en momentos puntuales como pueden ser esos talentosos silbidos de “Something to Believe” o toda esa instrumentación percusiva de “Back Burner” (carraca incluida) si no recuerdo mal. Aparte de eso, Mark se retira durante tres canciones para dejar a Isobel que se deslice en el cancionero solitario de sus álbumes como por ejemplo “To Hell Back Again”.

Y de Mark Lanegan, pues sigue sorprendiendo  al escucharle qué octavas por debajo de la más baja debe crear a la hora cantar porque en canciones como “The Raven” o la citada “Back Burner”, casi da un escalofrío escuchar esa voz de ultratumba. Su voz se vuelve aterciopelada en “Come Undone” o “Revolver” sin dejar de resultar profunda, embriagadora y enormemente atractiva. En mi cerebro y en mis gustos él es un clásico y objetivamente una voz, única, cambiante y que parece transmitir un abanico de sensaciones de forma única sin por ello ser excepcionalmente versátil. Ni falta que le hace, claro.

 

Y para el final dejo, lo que supuso una sorpresa, muy emocionante, en mi caso. Y es el escuchar “Free to Walk”, una de las dos canciones que interpretan en el álbum homenaje a Jeffrey Lee Pierce, We Are Only Riders. Fue la quinta del concierto, creo, y fue la canción que me conectó a Mark Lanegan, tal y como lo hacen los conciertos con su propio repertorio. Fue intensa, fue emotiva y fue bella.

 

 

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