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SLIM CESSNA'S AUTO CLUB

Madrid, Círculo de Bellas Artes

14 de mayo

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Asier R.

Fotos: myspace.com/slimcessnasautoclub

  

Con las credenciales de un último álbum, Unentitled, emocionante, cachondo, oscuro, cabaretero, bla, bla, bla. Con una fama en directo envidiable, con credenciales de una evolución discográfica, no solo muy, muy interesante y que nosotros sepamos, lleva tres últimas entregas, absolutamente modélicas, bueno, con todo eso, las expectativas eran muy grandes. Las ganas de acercarnos, de poder degustar tan buena música, también nos predisponía a cierto estado alterado de conciencia. Como cocainizados de ganas, vamos.

 

El resultado es un rotundo SÍ a esas preguntas que se pueden plantear. ¿Merece la pena acercarse a uno de sus conciertos? Sí, más que al 90% de bandas actuales. ¿A pesar de que no conozcas su música? Sí, al igual que con algunas películas, la capacidad de sorpresa puede hacer que la experiencia pueda ser aún más satisfactoria. Aunque no me gusta hacer cruces extraños, con Slim Cessna’s Auto Club, voy a hacer una excepción: la coctelera la dan Woven Hand por el tono oscuro, Slayer por cierta amenaza presente en su música, los Blues Brothers aportan la dosis bailable y gospel de estos muchachos, así como un hermano híbrido de Willie Nelson y Hank Williams, por esa influencia country, base en su música. O, al menos lo fue en su época. Invoco a ambos artistas por esa característica que encontramos en su música tan adictiva, la de pasar de la alegría (Willie Nelson) a la opresión (el Hank Williams más machacado) en cuestión de segundos.

 

Sus conciertos tienen mucho de teatralidad. Sigo pensando en todo lo que nos perdemos por no ser bilingües ya que en algunas partes, sus canciones, vienen representadas por una especie de interacción teatral entre los dos cantantes: el propio Slim Cessna y su mano derecha, Munly. Probablemente con historias sobre tentativas de perdición por parte del demonio, centrado en hacerle la vida imposible a algún pobre mortal. Ayuda a ello la oscuridad de la puesta en escena, el aspecto de Munly, generalmente en el papel de tenebroso forajido famélico, enviado desde algún oscuro ataúd. O del averno.

 

Pero no debéis preocuparos por no entender la lengua, la gestualidad de los dos líderes aporta a la canción ese toque extra que te hace intuirlo. Esas micro-obras teatrales le dan a muchas de las canciones un tono especial, transmiten también ciertas sensaciones y sabes que a su fin, la canción puede ir por derroteros inimaginables. De hecho, me juego el cuello a que la duración de los temas es mayor de la sensación que te queda ya que son absorbentes por todo ese entreverado de cambios, interacciones y qué sé yo qué más.

 

¡¡Y esos números pseudo gospel!! Con esa plática entre el público y con esa épica (gospel, otra vez) de sus canciones. Curioso que llegan a sonar con una dureza extraña incluso cuando no hay guitarra y la electricidad la aportan dos banjos y una pedal steel distorsionada.

 

También es de agradecer esos cambios en la instrumentación, muy acorde con la del tono de las canciones, pasando de lap steel a teclados, guitarras de doble mastil con slide a banjos, contrabajos con arco, todo ellos para crear texturas sin olvidarse de que están al servicio de las voces de dos auténticos monstruos que pasan de los aullidos (no gritos, no, aullidos), a las voces de ultratumba y a los cantos festivos de un Jimmy Rodgers (yodelehiiiiiiiiiiiiii!!!) con un Auto Club (su grupo) que aparte de imaginativo, puede tomarse incluso por virtuoso en un estilo de música tan poco dado a ello.

 

Lo último a comentar, para los curiosos, es su repertorio. Al menos del conocido por nosotros, pero tal y como indico, no creo que sea especialmente importante. Tardaron en caer las canciones de Unentitled pero el primer fogonazo lo dio “Know Your Enemy”, el concierto tuvo momentos con preponderancia de su álbum Cipher, tal vez el más reconocido, del que no faltaron clásicos propios como “Magalina Hagalina Boom Boom” o esa bestial “That Fierce Cow Is Common Sense In A Country Dress” antes de los bises. Tan adictivas y abrasivas como las que no conocíamos.

 

Se puede decir, en resumen, que al igual que su música, sus conciertos tienen un estilo tan propio que hace de ellos una experiencia única y que por fortuna, se puede paladear en las distancias cortas que, al igual que en el teatro, en este caso son importantes. Muy difícil es tener enormes expectativas y que sean superadas y a juzgar por el ambiente post-concierto, Slim Cessna y sus Auto Club, barrieron entre un público heterogéneo, al igual que su música.

 

Únicos, personales e intransferibles. Con actitud propia, presencia y visuales. ¿Qué más se puede pedir?

 

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