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ÁGORA
Una película de Alejandro Amenábar

Interpretada por:
Rachel Weisz, Max Minghella, Óscar Isaac, Ashraf Barhom, Rupert Evans…

 

 

 

 

Texto: Tomás Sendarrubias

 

Cuando una película recibe tanta publicidad como ha recibido Ágora uno acude al cine con cierta sensación de ser un corderito y de que lo que va a encontrarse no va a estar nunca a la altura de las expectativas que nos han vendido. Y sin embargo, con esta película me ocurrió todo lo contrario, la película está por encima de las expectativas creadas por la publicidad.

 

No creo que quede nadie que no sepa cual es la historia que narra Ágora, una biografía libre inspirada en la vida de la filósofa Hipatia de Alejandría, que vivió en las postrimerías del siglo IV y hasta los primeros años del V, el momento en el que el Cristianismo dejó de ser una religión secundaria y perseguida para convertirse, por orden del Emperador Teodosio en la religión oficial del Imperio Romano. Y como transcurrió la vida de Hipatia, toda la película transcurre en una Alejandría creada ex profeso para la ocasión, una ambientación prácticamente perfecta para el desarrollo de la historia que Amenábar nos cuenta. No tengo intención de contar nada sobre el argumento, ya que aún es un estreno muy reciente y puede que muchos queráis ir a verla al cine, y desde luego, no seré yo quien os estropeé esta oportunidad de hacerlo. Hablaremos de otros planos de la película.

 

Ágora es una película que, a través de los conflictos entre cristianos, paganos y judíos, nos habla del enfrentamiento entre el fanatismo y la libertad. Una visión simplista de la película podría decir que es una crítica al cristianismo, pero basta con ver realmente la película para darse cuenta de que la historia de Amenábar va mucho más allá, pues a lo largo de la película encontramos fanáticos no sólo entre los cristianos, sino también entre los paganos y los propios judíos, aunque la historia es la historia, y la historia nos dice quien salió vencedor de aquel conflicto. De hecho, incluso la historia personal de Hipatia queda absorbida por esta guerra, en algunos momentos relegada a un plano secundario para dejarnos ver en primer plano las consecuencias del alzamiento del Cristianismo, consecuencias que paga, en primera instancia, la Biblioteca de Alejandría, el auténtico depósito del saber de todo el mundo clásico, Biblioteca que se convierte en uno de los personajes principales de la película.

 

Amenábar nos narra esta historia de enfrentamiento con un ritmo que roza la perfección, desarrollando el argumento a un ritmo que evita que la película aburra pero tomándose el tiempo necesario para que disfrutemos de la ambientación, de la música, del entorno que crea, para que asimilemos y “mastiquemos” lo que nos está contando. Y merece la pena dejarse conducir por el ambiente que crea a través de elementos tan sencillos como la iluminación o el acompañamiento musical (mención aparte para la melodía que toca Orestes en el teatro, auténticamente brillante en su simplicidad).

 

En cuanto a los actores, empezaremos hablando de la británica Rachel Weisz (La Momia, Enemigo a las Puertas, El Jardinero Fiel…), que cumple con notable alto el papel de Hipatia, la filósofa que representa en la película la libertad de pensamiento y la ciencia. Weisz le da a Hipatia un carácter inocente que la convierte en un personaje simpático para el público, en una interpretación carente de histrionismos que pone su papel al servicio de la historia y no al contrario. También cumplen con sus papeles el guatemalteco Óscar Isaac (Red de Mentiras) y el inglés Rupert Evans (Hellboy), Orestes y Sinesio respectivamente, dos de los alumnos de Hipatia y que llegarán a convertirse en influyentes personas de su tiempo. Pero quien brilla por encima de sus compañeros de reparto es el también británico Max Minghella (Syriana), hijo del desaparecido director Anthony Minghella y que interpreta a Davo, el esclavo de Hipatia, que vive en sus propias carnes el conflicto entre la filosofía, el amor y la religión, lo que le convierte en el personaje más interesante de la película (quizá incluso por encima de la propia Hipatia). Mención de honor merece el árabe israelí Ashraf Barhom (The Kingdom), que interpreta al milagrero y fanático Amonio.

 

En resumen… que es imposible resumir Ágora. Lo mejor que podéis hacer es, sin duda, ir a verla.

 

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