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BURIED
Una película de Rodrigo Cortés

Interpretada por:
Ryan Reynodls, Jose Luís García Pérez, Robert Paterson.

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

“La regla número uno que me impuse fue no salir nunca de la caja”, explica Cortés en una entrevista que leo en ABC. Y esto, que aparte de claustrofóbico, es rizar el rizo, mire por dónde, le sale hasta bien. Desde luego, que el guión escrito por Chris Sparling estuviese dando vueltas durante un año sin encontrar financiación no es de extrañar. Es muy difícil apostar por algo nuevo y arriesgado, y a veces ni por ésas. Ay, pero, afortunadamente, se pudo hacer con lo justito, que eso sí se nota en algunos planos, menudencias que no empañan el buen hacer de su creador, que ya tiene bastante con aviárselas para no resultar monótono, pesado y, sobre todo, repetitivo durante la hora y media que dura esta pirueta fílmica, digna del mejor Hitchcock y hasta del hipervitaminado David Fincher, autor de las excepcionales Seven y Zodiac. Sí, Rodrigo Cortés, con su segundo largometraje, se codea con los grandes y da una gran lección sobre montaje (tarea de la que se encarga él mismo) y puesta en escena. O sea, sobre cine. Cierto es que hay experiencias, cortos y (no muchas) piezas audiovisuales sobre “enterramientos” similares (sólo hay que echar un vistazo en youtube) y anteriores en el tiempo, pero la originalidad de Cortés radica en que ha alargado, sin que se resienta en absoluto, lo que podía dar para un cortometraje hasta la hora y media. Por cierto, y esto ya es una sospecha personal, si le dejan se pone en las dos horas.

 

La historia, sin desvelar el final, narra, minuto a minuto, el encierro de Paul Conroy (un camionero estadounidense que trabaja en Irak) dentro de un ataúd, enterrado, se entiende, bajo tierra. Y si quieren saber porqué está ahí y quién o quiénes lo han puesto ahí, tendrán que ver la película o, espero que no, allá cada cual, leer alguna reseña que les cuente, paso a paso, el desarrollo de la película hasta su desenlace, por si al verla no la entienden, supongo.

 

Ryan Reynolds, el marido hasta hace unas semanas de la bella Scarlett Johansson, que nos tiene acostumbrados a papeles de imbécil con buenas intenciones y, lo más importante, con un físico envidiable de moja y vuelve, no sólo sorprende con el cambio de registro, sino que lo hace francamente bien, si exceptuamos, como leo en alguna malvada reseña, algún gritito que parece más de placer que de angustia, aunque, si les soy sincero, en la situación del personaje que interpreta Reynolds, lo de menos es a qué suenen los gemidos, que el hombre está como para fijarse en esas cosas y, además, nadie le ve, así que puede desahogarse como le dé la real gana, que tiene derecho. Armado de un teléfono móvil, un zippo y poco más se las apaña como puede. Y dejémoslo estar. Que MacGyver sólo hay uno.

 

Estoy completamente de acuerdo con el blogger que suelta esta joya al final de su reseña: “Veremos qué tal funciona Buried (…) se necesitan éxitos cinematográficos (no sólo deportivos) en este país”. Que se oiga bien alto, por encima de las puñeteras vuvuzelas.

 

Así que futuros directores y guionistas, iluminadores y fotógrafos del mundo ya pueden empezar a aprenderse esta película de pe a pa. Para los de atrezzo, me temo, no hay mucho de dónde rascar. ¿Qué tal una de Kubrick?

 

 

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