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GRUPO 7
Una película de
Alberto Rodríguez
Interpretada por:
Mario Casas, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, Joaquín Núñez, Julián Villagrán.

 

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

Grata sorpresa cinéfila de 92 minutos de duración. Hecha en Sevilla, ciudad profundamente religiosa en su paganismo y extremadamente pagana en su religiosidad. Se trata de un thriller de manufactura impecable que narra con solvencia el día a día de una brigada policial de élite (chusca, sí, sudorosa, con un nivel de glamour menos cuatro en la escala de Corrupción en Miami) denominada Grupo 7, que se encargaba de limpiar de droga y de yonkis el centro de la ciudad a finales de los ochenta, con la vista puesta en la celebración de la Expo’92, que pondrá a la capital andaluza en el punto de mira de la comunidad internacional, mientras sus jefes miraban para otro lado a pesar de conocer sus brutales métodos. La ley de la calle. Y para sobrevivir hay que conocer su lenguaje, ser el lenguaje. El grupo desciende a los infiernos para garantizar la seguridad de mucha gente anónima, pero por el camino se van abandonando los escrúpulos y las diferencias se van haciendo insalvables entre sus miembros. Cada uno tiene una motivación para hacer lo que hace: la vanidad, la redención, la superación personal y hasta, por qué no, pasar un buen rato haciendo lo que mejor saben hacer.

Grupo 7, junto con la notable No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011), constata que aquí se puede hacer thriller del bueno (ya se hizo puntualmente; recordemos Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, de Agustín Díaz-Yanes (1995), Días Contados (1994), de Imanol Uribe, o El crack (1981), dirigida por José Luis Garci), envasado para entretener al público más allá de la clonación de la fórmula estadounidense, pues conjuga verosimilitud y divertimento en un relato de inequívoco sabor patrio, en el que cada personaje es mucho más que un estereotipo de poli bueno/poli malo. Hasta el más salvaje (Antonio de la Torre) puede mostrar sensibilidad, mientras el más comprensivo (Mario Casas) puede tener su reverso oscuro. Asegura su director, Alberto Rodríguez, que el mayor reto de la película fue humanizar a todos los personajes, cuatro policías corruptos que, a priori, no se iban a encontrar con la simpatía del público. Doy fe de que lo consigue.

Al parecer, la idea del filme surge del sumario de un juicio de los ochenta que llegó hasta el guionista Rafael Cobos, que ha hecho un magnífico trabajo de contención narrativa.

 

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