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LA CINTA BLANCA
Una película de Michael Haneke

Interpretada por:
Susanne Lotahr, Ulrico Tukur, Burghart Klaussner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Stefi Khünert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Theo Trebs.

 

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Ni siquiera me haré la pregunta. Haneke no se fía. No se fía en absoluto. Hace bien. Y una vez más, lo que para mí es teoría, casos aislados en la prensa y el telediario, el miedo a vivir todos los días, salir a la calle, volver indemne, a pesar de estar prácticamente indefenso, tantos males, tantos, tú ya sabes, que vuelvan sanos y salvos los que tú quieres, y, hasta cierto punto, saber que te da igual todo, mientras no te toquen de cerca, se muestra en este película con toda su crudeza.

 

Punto uno. La educación lo es todo. No es: No reprendas. No es: Reprende siempre. No sé qué es. Pero esto no es. Ni siquiera el famoso punto medio de los franceses. Nada que ver con el punto que da placer. Una letra. Y es cierto, como dice la voz en off del principio de la cinta, que muchos hechos quedan sin esclarecer, pero explican, en cambio, mucho del horror que luego devino.

 

Punto dos. La ausencia del color. La película está rodada en una dura y pictórica fotografía en blanco y negro. No hay ni grandes hazañas ni piruetas que valgan. Está la historia. Ni más ni menos. Y hay un objetivo, una dirección que tomar. Haneke es un director de tesis. Las demuestra. Desde Funny Games a La pianista. No reprendas, pero tampoco dejes de hacerlo. Y, por supuesto, sin el justo correctivo, sin la debida educación, sin alguna clase de guía, en ocasiones, más de las necesarias, qué te voy a contar, nos saltan a la yugular los monstruos, los nuestros, nuestros niños tan queridos a los que adornamos con ese lazo blanco de pureza espiritual (y castigo), al que alude el título, que los identifica y los señala.

 

Ya digo: no es laissez faire, laissez passer, dejar hacer, dejar pasar. Hay que actuar cuanto antes. Y si no se ha hecho a tiempo, ponerse a cubierto. Que también los hay listos. Hay que joderse.

 

Haneke sitúa la historia en un idílico pueblo protestante del norte de Alemania. Aún no estaba medio mundo bañándose en el horror. Pero todo llega. Vamos a darle un poco de cuerda al reloj.

 

Recordar el pasado hace posible no repetirlo. Habría que enseñarlo en las escuelas.

 

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