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COMA

José Daniel García

Hiperión, 2008

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

El futuro de la poesía española se ha revelado como un auténtico puñetazo en el estómago.

 

Un puñetazo baldío si reflexionamos sobre el hecho de ser poeta, que no escritor, en nuestro país. De la misma palabra, “poeta”, casi estigmatizada, sinónimo de vago, bohemio, guarro, rojo... más en el caso de un joven poeta, de un autor consagrado nadie va a declarar abiertamente este tipo de pamplinas, aunque el gran público no sepa quién es, y al que le suene vagamente se compre el último best seller de Dan Brown. Ser poeta en España es morir, es un quejido en la sombra, y pasar hambre.

 

Nuestro autor es seguro, el mejor poeta joven de nuestro país, lleva años al frente del colectivo C.A.I.N. y co-dirige la colección “los catorceochomiles”. Aunque a mi en concreto lleva tiempo deslumbrándome con poemarios como El Sueño del Monóxido ( DVD, 2006 ), compagina su verdadero ser con las profesiones más variadas, hay que comer.

 

La poesía es tal vez el género literario más personal, más imprevisto, y en el que el autor siente menos empatía por el lector, se vomita en cada verso, lloras, ríes, es un desahogo en el que no se piensa en las ventas, por eso no las tiene, y sin embargo, cuando el lector logra esa empatía no buscada es el género más emocionante, es vida, y dolor.

 

Coma ha conseguido el premio de poesía Hiperión, la editorial dedicada a la poesía, refugio necesario de tantos, y por ello cierto reconocimiento público. En él, José Daniel reflexiona sobre la violencia y el dolor, que nos rodea como “una nube tóxica”. La violencia intrínseca del ser humano, la violencia de la guerra, la crueldad gratuita, el dolor de una pérdida, de la soledad y el desamparo. Su poesía es directa, desnuda, sin artificios, desasosegante, sientes en tu propia carne el dolor de un niño en medio de la guerra de Irak, o la soledad en la aséptica y fría atmósfera del hospital mientras la vida se te va gota a gota carcomida por la enfermedad. Un poemario deslumbrante, casi cegador.

 

El propio autor cita en el libro al boxeador Floyd Patterson: “contaban las veces que besé la lona, cuenten también las que me levanté.” Una gran frase aplicable a la poesía. Esperemos que José Daniel se levante tantas veces que no pueda caerse más.

 

 

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