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EL CABALLO AMARILLO. Diario de un terrorista ruso.

Boris Savinkov

Impedimenta, 2010

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Uno de los mayores méritos de los nuevos y pequeños editores es, además del cuidado en la edición, en la calidad y diseño, la oportunidad que nos brinda a los lectores de descubrir no solamente nuevos valores, sino el acercamiento a autores clásicos desconocidos para la mayoría. Un buen editor tiene la capacidad de descubrir para su editorial un filón monetario como Dan Brown; un buen editor, que además ama su trabajo, es capaz de descubrir auténticas joyas olvidadas, obras maestras que no dejan indiferente a nadie que las lea. Su labor es impagable, es amor al libro y a la literatura, algo que va mucho más allá del dinero, algo que es alimento del alma.

 

Si hace poco desde estas mismas páginas hablábamos de cómo Errata Naturae nos mostraba la obra de Luciano de Samósata, esta vez es Impedimenta quien nos trae la obra de Savinkov, personaje completamente inclasificable y peculiar de primeros del S.XX, y que literariamente, nos acerca al mejor Dostoievski.

 

De Savinkov dijo el propio Lenin: “es un burgués con una bomba en el bolsillo”. Hijo de una familia culta y poderosa de Odessa, pronto simpatizó con las ideas revolucionarias y socialistas convirtiéndose en terrorista dentro del Partido Socialista Revolucionario. Fue el autor de los atentados que costaron la vida al ministro del interior del Zar y al Gobernador General de Moscú. Pronto su fama recorrió toda Rusia, pero fue capturado y condenado a muerte, logrando escapar y llegar a Francia, donde se codea con toda la bohemia de Montparnasse, Picasso se refiere a él como “nuestro amigo el asesino”. Culto, mujeriego y nihilista, dandi y bohemio, al estallar la Primera Guerra Mundial, su espíritu inquieto le llevó al frente como periodista. Tras la Revolución Rusa, se incorporó como ministro de la gobernación al primer gabinete bolchevique, pero desengañado con la deriva revolucionaria, se entregó a actividades contrarrevolucionarias, siendo condenado de nuevo a muerte, y volviendo a escapar. De nuevo en Paris, fue engañado por el servicio secreto ruso, haciéndole creer que un ejército contrarrevolucionario ya formado estaba esperando su liderazgo, y una vez en Rusia, fue encarcelado en la terrible penitenciaría de Lubianka, donde murió al precipitarse de una ventana. Una vida de novela realmente.

 

El Caballo Amarillo, es precisamente el diario novelado del líder de un comando terrorista cuyo objetivo es la vida del Gobernador General de Moscú. Es un relato autobiográfico en el que Savinkov, encarnado en su trasunto, George O’Brien, nos relata los meses de preparación y la convivencia de los cuatro miembros del comando. O’Brien es un consumado nihilista, no cree en nada, ni siquiera en la Revolución, solo cree en el poder de matar. Consumido de celos por el marido de su amada, que a su vez no termina de entregarse a ninguno de los dos, arrastra su vacío vital y su desesperanza por un deslumbrante fresco del Moscú prerrevolucionario, que como hemos dicho, no tiene nada que envidiar al mejor Dostoievski.

 

El resto del comando lo conforman Erna, la experta en explosivos, completamente dependiente de George, sin ninguna autoestima, depresiva y errática; el iluminado Vania, ferviente cristiano, convencido de tener una misión divina a través de la muerte de todo aquel que se oponga a la fuerza de la Revolución; Heinrich, locamente enamorado de Erna; y Fiodor, el disciplinado admirador del líder. Todos ellos se mueven en un universo cerrado en el que las pasiones de un signo y otro, giran en torno al distante George O’Brien, sincero en su desapasionamiento, y férreo en su propia voluntad ajena a la Revolución y a cualquier presión externa.

 

Una novela deslumbrante. El retrato de la sociedad rusa, el detallado paisaje moscovita y las pasiones y circunstancias del comando, sus acciones y fracasos, se quedan impresos en el lector a cada página. Todo un descubrimiento, un clásico ruso de vida y obra completamente apasionante. Imprescindible. Gracias de nuevo, Impedimenta.

 

 

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