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LA CUESTIÓN DE BRUNO

Aleksandar Hemon

Anagrama, 2001

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Aunque los relatos que conforman La cuestión de Bruno son independientes unos de otros, el lector advertirá ciertas constantes en los temas que se desarrollan, a saber: el sentimiento de desarraigo provocado por el exilio, la muerte (o la constatación de que uno puede morir y hacerlo, además, para siempre), la desesperanza, los recuerdos de infancia, la soledad y la guerra. Los límites entre los cuentos quedan, por tanto, difuminados. De la primera a la última página, el lector se enfrenta a una novela “en escalas”.

 

El relato que abre esta recopilación, “Islas”, está dividido en fragmentos numerados (las islas como metáfora de episodios significativos) que revelan momentos cruciales de la infancia del escritor. El relato narra un viaje que hizo de niño a la isla de Mljet, donde su tío Julius le contaba historias (ni mucho menos cuentos para niños) cuyo recuerdo aún perdura en él. No puede empezar mejor. Es un texto que no otorga concesiones al horror: la mirada adulta de lo que el niño vio y que, probablemente, no comprendió del todo, se detiene en los detalles sin juzgarlos, pero toda la crudeza de las palabras, los hechos que conforman, están presentes. Son los instantes que logra salvar del olvido los que construyen una vida; le obsesiona, además, la historia de su país (Bosnia) y los orígenes de sus antepasados. Y encontramos en el relato “Charlas agradables” un claro ejemplo de ello. Los Hemon (la familia del escritor o, al menos, retazos representativos de la misma) deciden convidar a sus parientes lejanos, los Hemun, a una fiesta de música, comida, bebida y baile. Los Hemon confraternizarán, en muchos casos, con auténticos desconocidos, sin perder de vista las tradiciones de sus ancestros o lo que ha perdurado de ellas en un país extranjero. A este respecto, conviene destacar que el autor se mudó a los Estados Unidos a principios de los noventa, mientras en su país los francotiradores y las bombas hacían su agosto (el sitio de Sarajevo les sonará). “Blind Jozef Pronek & Dead Souls”, el relato, aunque por su extensión podría considerarse una novela corta, que cierra el libro, se centra en el choque cultural que supone para todo emigrante la llegada a su país de “adopción”. Y también acostumbrarse al olor de la nueva tierra, que en el texto que nos ocupa es Chicago. La joya de la corona, sin embargo, para quien esto firma, es “Vida y andanzas de Alphonse Kauders”, relato estructurado en párrafos más breves (a veces, citas, frases lapidarias, un pensamiento), donde, a partir de las peripecias de un inconfundible y odioso personaje, Alphonse Kauders (déspota, pirómano y amante de la pornografía), desfilan algunos de los protagonistas más destacados de las dos guerras mundiales: Eva Braun, Tito, Stalin, Sorge (espía al que se le dedica el laberíntico y bipolar relato “La red de espionaje de Sorge”) y, por supuesto, Hitler, entre otros.

 

 

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