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LA PERLA Y OTROS CUENTOS

Yukio Mishima

Siruela, 2007

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Hablar de Yukio Mishima, sobrenombre de Hirakoa Kimitake, no sólo es hacerlo de uno de los más importantes y reconocidos dramaturgos y novelistas japoneses, discípulo de Kawabata y miembro destacado de la generación de entreguerras junto con Kobo Abe, sino es hacerlo del mismo Japón surgido de la Segunda Guerra Mundial. Pocas personas reflejan, no ya en su obra, sino en su propia experiencia vital, la situación de un país, como Mishima en su corta e intensa vida hasta su trágico final.

 

Niño enfermizo, hijo de un alto funcionario descendiente de estirpe samurai, padre distante y omniscente, fue criado por una abuela enferma y neurótica, con accesos de cólera que no le dejaba juntarse con más niños ni salir al sol. Homosexual reprimido, poseedor de una cultura refinada derivada de sus interminables lecturas de infancia y juventud, amante y profundo conocedor del kabuki. Fundó un grupo de defensa de los valores tradicionales, de la figura cuasi divina del Emperador,  Tatenokai – la Sociedad del Escudo – que capitaneaba con un magnetismo irresistible sobre sus integrantes. Para él supuso una gran humillación haber sido excluido del ejército por tuberculosis y no poder servir a su emperador, después de haber moldeado su cuerpo débil con horas de ejercicio, y forjado su mente en los valores más primigenios del Japón feudal revelándose de manera furibunda en sus escritos y actos públicos contra una sociedad que consideraba enferma y corrupta. Todo ello termina en el “incidente”, un trágico final, en el que queda patente de manera dramática la lucha quijotesca contra el avance de esa sociedad. La mañana del 25 de noviembre de 1970, Mishima y sus discípulos penetraron en un cuartel del ejército imperial, reteniendo al coronel y leyendo ante las burlas y abucheos de la tropa un manifiesto instándoles a levantarse y devolver al Emperador el esplendor perdido. Posteriormente cometió seppuku, el suicidio ritual de los samurais que incluía la decapitación por parte del último superviviente a los demás suicidas.

 

En esta trayectoria vital se refleja toda la convulsa y desorientada situación de un Japón humillado tras la Segunda Guerra Mundial, en la que su sociedad acomodada  en una confianza ciega en el poder divino de su Emperador, defensora de sus valores tradicionales y creyente en su invencible poder militar, se topó con la realidad de un país roto, masacrado, humillado y ocupado. La ocupación trajo la occidentalización que abrazó gran parte de la sociedad, y ante la que se rebeló otra gran parte, una brecha profunda entre la humillante modernidad y la inútil defensa de unos valores trasnochados.

 

Todo esto se refleja en la ingente obra de Mishima. Su primera novela, Ladrones (1946) le situó ya a la cabeza de la emergente generación de entreguerras, y su consagración mundial, le llegó con sólo 24 años, con Confesiones de una máscara, la vida de un homosexual reprimido, que tuvo una fulminante aceptación en un Japón en el que, incluso hoy en día, la sexualidad es uno de los aspectos de la existencia sujeto a las mayores cortapisas y tabúes. Nominado en varias ocasiones al premio Nobel, otras grandes obras suyas son El marino que perdió la gracia del mar, y El pabellón de oro.

 

No sólo fue gran dramaturgo de kabuki y novelista, sino que escribió cientos de cuentos. Algunos de los más importantes los recoge este delicioso volumen de Siruela. En solo diez cuentos breves repasa de manera acertada casi toda la temática presente en la obra de Mishima.

 

En el primero de ellos, Muerte en el Estío, desgrana las máscaras, los tabúes, la represiones extremas de los sentimientos que impone la sociedad nipona ante una tragedia de tal calado como la muerte de dos niños de una misma familia.

 

Patriotismo, es una premonición de su propia muerte, narra la muerte ritual de un oficial y su esposa ante la disyuntiva de la lealtad hacia su país, en el que ya no cree, y hacia un grupo de amigos golpistas defensores de los valores propios de nuestro autor.

 

El termo, encarna la autoridad paterna omnipresente e indiscutible. Y por supuesto hay cabida a la homosexualidad reprimida y latente, a los amores platónicos y triángulos imposibles que se dan entre las bambalinas del kabuki que tan bien conoce. Se trata de Onnagata.

 

Y como final, el delicioso relato Senbei de un millón de yenes, sorprendente cuento en el que se desarrolla la velada de un matrimonio humilde y enamorado que se dedica a la prostitución.

 

En definitiva, un inmejorable primer paso para acercarse a la genial obra de uno de los mejores escritores nipones de todos los tiempos. Diez cuentos maravillosamente escogidos donde se recoge toda la temática del turbulento retratista de una sociedad convulsa y desconocida.

 

 

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