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LOS ZAPATOS ROJOS

Hans Chirstian Andersen. Ilustraciones de Sara Morante

Editorial Impedimenta, 2012

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

De todos los que me sigan en estas humildes reseñas es bien conocida mi devoción no solo por la literatura y la poesía, sino por el propio libro como objeto fetiche, como objeto artístico conformando una obra de arte en sí misma, continente y contenido acoplados de manera perfecta; el libro en sí, diseñado y concebido según la obra a la que acoge como un traje a medida, una sensación estética que multiplica el goce de la lectura, al sentir que esta fluye por un canal perfecto, por un río tranquilo o agitado, en el que detenerse a contemplar sus meandros.

 

En esta ocasión nos encontramos con una edición muy especial del cuento infantil Los Zapatos Rojos, merecedora de estar entre los finalistas en la categoría de libro ilustrado de los prestigiosos premios Visual 2012 al diseño de libros.

 

Respecto al contenido, no hay demasiado que descubrir. Una pequeñita pieza del genial cuentista danés, literato mercenario de la necesidad y genio emergido de la pobreza, Hans Christian Andersen. La pequeña y pobre Karen es adoptada a la muerte de su madre por una anciana señora, con su único legado bello de la infancia perdida: unos pobres zapatos rojos; pero esos zapatos, harán que anide en su alma un virus poderoso: la vanidad. Engañando a su bienhechora, conseguirá verdaderas joyas de charol rojo para sus diminutos pies, ofendiendo a Dios por su engaño y por el atrevimiento de pisar la iglesia de esa guisa, por lo que el propio demonio, o algún genio maléfico, encarnado en un soldado viejo y borracho la maldecirá para que nunca pueda dejar de bailar con ellos, durante días y noches, por el bosque y por los pueblos y los campos, bailar y bailar haciendo que se arrepienta de sus pecados. Lo que más me llama la atención de este cuento destinado a niños de siglos pasados es precisamente su afán moralizador de valores patriarcales y caducos, evidentemente, natural, pero resulta muy curioso este ejercicio de arqueología moral. También, de manera supongo que no intencionada, pinta un fresco de la sociedad nórdica luterana del XIX verdaderamente delicioso.

 

Y, la otra pata esencial del libro, las ilustraciones. Ya reseñé en estas páginas otro libro ilustrado por Sara Morante, La Flor Roja. Tengo que reconocer que me tiene fascinado, no en vano tiene los premios y reconocimientos, y la fama creciente que está adquiriendo (http://saramorante.com/). Sus litografías son maravillosas, auténticas obras de arte. Con un estilo tan personal, preciso, detallista; abrazan al relato de forma tan certera que, como decía al comienzo de la reseña, este mismo se desliza como un río por sus meandros, todo acompaña, el libro, la encuadernación y, sobre todo, la ilustración. Hacen que este pequeñito cuento sea mágico, que Karen se deslice liviana sobre sus zapatos en medio de la noche en el bosque misterioso, que el soldado aparezca torvo y hierático, que las caras de escándalo de los feligreses al ver los zapatos de la niña despierten una sonrisa de complicidad. Maravillosas.

 

En definitiva, una pequeña joyita, como siempre, con el broche de la fecha de fin de la impresión, el día que murió Julien Offray de Le Mettrie, insigne físico, que murió debilitado tras una sangría practicada sobre sí misma para tratar de mitigar los estragos de un empacho de foie en un banquete en su honor por sanar precisamente al embajador Ticcornel, en el otoño de 1751. El delicioso broche de Impedimenta, me encanta ese detalle. De coleccionista.

 

 

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