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UN LUGAR LLAMADO OREJA DE PERRO

Ivan Thays

Anagrama, 2008

 

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Sudamérica. El Cono Sur, Centroamérica … qué sería de la literatura mundial sin esta vasta tierra impregnada de una magia especial en su tradición escrita, de una fantasía desbordante en su lírica, en sus leyendas, en su tradición oral, con un manejo realmente prodigioso del castellano. Instalados por derecho propio en el olimpo de las letras, inscritos en la historia nombres como Mario Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez, Rulfo, Bolaño, Pitol … y tantos y tantos otros, es hora de enfocar la vista a decenas de talentos emergentes de este semillero americano siembre bullente, siempre deslumbrante, y entre ellos destaca de manera especial el peruano Iván Thays.

 

 

Alabado por su paisano Vargas Llosa que definió su obra como una “vida consagrada a la literatura, una vocación que en su caso es una pasión y una misión” y viniendo de quien viene dice casi todo.

 

Un Lugar Llamado Oreja de Perro es una obra maestra de infinita aspereza. Dura, desasosegante en todos los aspectos. Thays recrea con maestría el infierno interno de un periodista limeño tras una trágica vivencia personal que le deja vacío. Infierno en otro infierno, contenido y continente. El protagonista se desplaza a Oreja de Perro, en la Sierra Norte de Perú en los llanos a 2000 metros de altura más allá de Ayacucho, donde ni siquiera se habla casi castellano, donde la Comisión de la Verdad se afana en llevar un poco de claridad a las matanzas de los 80; crímenes de estado, convulsiones senderistas, una lucha en la que siempre pagan el pato los campesinos quechuas. Y este lugar salvaje, duro y castigado, lejos de todo, se convulsiona con la visita populista preelectoral del presidente de la nación, y con la llegada de las decenas de militares, policías y periodistas que ello conlleva. Narrada con una prosa certera, cortante como un cuchillo, el protagonista, sumido en un marasmo vital, incapaz de escribir tanto una carta de vital importancia para su devenir existencial, como una crónica, es mero espectador de las tensiones y crímenes que marcan como un zarpazo ese trozo de planeta. Se debate entre sustituciones emocionales incapaz de moverse, de respirar, aplastado por el mal de altura, por los vientos del altiplano; paralizado por una mujer chola, embarazada, violada y con premoniciones; asqueado de su cínico fotógrafo; incomodado por las miríadas de jovencitos periodistas limeños casi de exótica excursión, que le reconocen como el guapo presentador de antaño.

 

Realmente este libro remueve el interior, te envuelve en una atmósfera agobiante, triste y desolada. Thays consigue que el lector se sumerja, en un ejercicio de empatía, en la mente del periodista limeño, que pasee por la plaza de Oreja de Perro sintiendo los vientos del altiplano, que se estremezca bajo las miradas de los atemorizados y temidos militares, que sienta el dolor y dignidad de cada campesino quechua, el olor a alcohol y la pantomima rastrera del cacique local, y que como él, sea tan solo mero espectador de esta procesión mientras rumia sus postreras decisiones.

 

Una joya, y un descubrimiento. Atentos a los próximos años. Thays también hará historia, dejando huella con cada novela en nuestra memoria.

 

 

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